Lo que aprendí de vivir 2 meses en Bali – Parte Uno

¡Hola amigos de espíritu viajero!

Esta semana platicaremos tú y yo acerca de uno de nuestros tópicos favoritos: ¡los viajes!

Y es que justo se cumple un año de que Hugo y yo nos fuimos a vivir por más de 50 días a la hermosa, única y paradisíaca isla de Bali en Indonesia 🇮🇩 

Déjame platicarte cómo fue que salió la idea:

Cómo la mayoría de nuestros viajes largos a Asia, éste también fue idea de Hugo. Él sabía que yo tenía muchas ganas de ir a Bali desde que supe de su existencia, y aunque él ya había ido antes cuando vivía en China, decidió buscar vuelos para ir juntos.

¿Por qué dos meses? Simple. Porque creímos que era el tiempo que necesitábamos para conocer realmente la vida ahí. Sin prisas. Sin correr. Hacerlo tranquila y plácidamente.

Y la verdad es que fue gracias a mi negocio de network marketing que yo pude tomarme la libertad de irme de viaje por casi 2 meses. La posibilidad de ser dueño de tu tiempo (y de tu vida, básicamente) fue lo que nos facilitó la ida.

El trayecto a Bali desde la Ciudad de México fueron casi 30 horas. Así que si quieres ir algún día y le tienes miedo a los vuelos tan largos esta puede ser tu oportunidad para superarlo.

Una vez estando allá tres cosas me sorprendieron:

  1. Su economía.
  2. Su filosofía de vida.
  3. Sus paisajes tan exóticamente únicos.

Su economía.

La moneda que se usa en Bali es la Rupia Indonesia (1 dólar = 15,000 rupias aproximadamente) y para un mexicano como yo eso te causa un shock de primera instancia.

Te tardas un rato en acostumbrarte a que la comida te cueste 90,000 rupias sin que sientas que es mucho dinero. (90,000 rupias son aproximadamente 100 pesos).

Esta es la foto en la que por primera vez tuve un millón en mis manos. Y aunque eso equivalga a algo así como 100 dólares, el hecho de ver tantos ceros te hace sentir literalmente como todo un millonario.

Su filosofía de vida.

Algo que me encantó de Bali es la definición de éxito que tienen, y que es tan diferente al concepto de éxito del mundo occidental.

En este lado del mundo -el de occidente- el éxito se define por cuantos logros has tenido, tanto personal o profesionalmente. Tiene que ver con ser cada vez más, alcanzar más y poseer más.

Allá todo eso no existe.

La gente de Bali mide su éxito de acuerdo a que tanto estás conectado con la naturaleza y el universo (o Dios). Mientras más respetes, ames y cuides de lo que te rodea y trabajes en tu conexión espiritual cada día es lo que te hace exitoso ante sus ojos.

Y aunque al principio no lo entendía, después de unos días no me hizo falta entenderlo, pude experimentarlo.

Cuando llegue noté cómo venía con un ritmo mucho más acelerado, desconfiado y con la cabeza llena de todo lo que “teníamos” que hacer y conocer allá. No quería dejar que se me pasara nada. Ni un templo, ni un arrozal, ni una playa.

Poco a poco me fui dando cuenta que esto es fruto de la mentalidad occidental, y que más allá de hacer que logres más lo único que genera es que te estreses, pienses todo el tiempo en el futuro y no prestes atención al presente.

Cuando Hugo y yo entendimos esto dejamos que nuestra estancia fluyera de una manera totalmente a como yo la tenía planeada.

Había días que no salíamos de nuestro hermoso bungaló en el que estábamos hospedados. Solo salíamos para ir a la alberca, ir a la tienda o salir de vez en cuando a la playa.

Otros días, cuando teníamos ganas de turistear, buscábamos qué puntos nos interesaban ver ese día e íbamos y lo disfrutábamos de una manera mucho más vívida y tranquila.

Un día normal para nosotros era despertar con la luz del sol, tomar un té recién hecho, meditar, ir a nuestra clase de yoga, leer a la orilla de la alberca, ir a una cafetería cercana a revisar cosas del negocio por tarde y en la noche salir a un restaurante cercano a cenar.

Nada más.

Sus paisajes tan exóticamente únicos.

De todos los lugares a los que he ido Bali tiene los mejores paisajes. ¿Quieres playa? Ve a Kuta. ¿Quieres montañas? Ve a Uluwatu. ¿Quieres ver los mejores arrozales del mundo? Ve a Ubud. ¿Quieres ver corales y templos bajo el agua? Ve a Nusa Penida.

Bali lo tiene todo.

Para mi lo mejor fue definitivamente los arrozales. Caminar entre montañas repletas de millones de hojas verdes perfectamente cortadas y con olor a pasto mojado es lo mejor. Tan solo de acordarme se me pone la piel de gallina.

¿Y sabes qué? Es tanta nuestra fascinación por este lugar que pensamos en volver en un par de años, pero esta vez mucho más tiempo. Pronto te contaré más detalles al respecto.

Créeme. En verdad puedes conocer todos esos lugares que tanto has deseado. Lo único que tienes que hacer es ponerlo en tu mente, en tu corazón y trabajar por ello. Recuerda, tú eres suficiente para lograrlo.

La próxima semana te contaré cuáles fueron nuestros retos y situaciones más complicadas para nosotros allá. Estoy seguro que encontrarás muchas lecciones de vida en ese.

Si quieres un adelanto busca #EmmiAndHugoTakeBali en Instagram.

SÓLO PARA TI:

¿Qué lugar o país te ha impactado más en tu vida? ¿Cuál será tu próximo viaje? ¡Cuéntame en los comentarios! Si es un lugar al que he ido te puedo dar algunos tips de comida o lugares por visitar 😉

Y por si aún no lo has hecho, recuerda suscribirte a mi Lista VIP aquí abajo. ¡Es gratis! 

Si sabes de alguien que también quiera conocer Bali o vaya a ir pronto compártele este blog. Estoy seguro que le será de gran ayuda.

Por más viajes en tu vida,

7 opiniones en “Lo que aprendí de vivir 2 meses en Bali – Parte Uno”

  1. Las experiencias que nos barras son fabulosas y me traslada a ese lugar mágico, lleno de espiritualidad y además con una verdadera conceptualización del éxito. Muchas gracias y felicidades

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