Lo que aprendí de vivir 2 meses en Bali – Parte Dos

*Este blog se lo dedico a Karen, la hija de una querida amiga mía, que falleció en el terremoto del 19 de septiembre.

¡Hola de nuevo, amigos!

El día de hoy continuaremos con la segunda parte de lo que pude aprender mientras viví en Bali el año pasado. Si no has leído la primera parte puedes leerla aquí.

Aunque Bali fue un sueño planeado por Hugo y yo durante meses, los primeros días fueron de los mas raros, incómodos y tristes que he vivido en mi vida.

Nosotros llegamos a Kuta, nuestro primer destino, justamente hoy hace un año, en la madrugada del 19 de septiembre. Para los que me leen desde la Ciudad de México saben perfectamente qué sucedió ese día.

El 19 de septiembre del 2017 México se vio afectado por uno de los terremotos más fuertes y devastadores de los últimos treinta años. Hubo cientos de víctimas, muchos murieron y prácticamente todos los habitantes de las zonas afectadas sufrieron de alguna u otra manera.

Mientras eso sucedía, Hugo y yo recién habíamos llegado a Bali y estábamos dormidos después de las más de 25 horas de vuelo. Aún recuerdo la forma tan estresante e impactante con la que Hugo me despertó por la mañana diciéndome: “Emmanuel, hubo un temblor horrible en México, muchos edificios se cayeron y hay personas atrapadas: llámale a tu familia ahora!”

Que te despierten así es una de las peores sensaciones que he vivido. Y más al darme cuenta que no tenía forma de comunicarme con mi familia porque mi celular se había quedado sin batería y las entradas de luz son diferentes allá y no tenía un adaptador para mi cargador.

Pero yo sé que para nada, de ninguna manera, lo que yo sentí se puede comparar con lo que mi familia, amigos y todos los demás sintieron al vivir en carne propia ese temblor. Si a ti que me estás leyendo te tocó vivirlo quiero decirte que te honro, te respeto y doy gracias a Dios por tu vida y que te encuentres bien hoy.

Fue así como el viaje de ensueño empezó con sabor agridulce.

Después de hablar con mis seres queridos y saber que todos estaban bien (pude conseguir un adaptador en una tienda cercana) la verdad es que Hugo y yo no podíamos pasárnosla nada bien.

Ese sentimiento de culpabilidad de estar en una hermosa isla paradisíaca, y que además estaría ahí por dos largos meses, mientras muchas personas la estaban pasando muy, muy mal no se lo deseo a nadie. Y es que aunque conscientemente sabes que no es tu culpa, que tu no ocasionaste eso, inconscientemente tu lado empático hace que te sientas culpable de estar sano y salvo y no sufriendo.

Después de mucho pensar de qué manera podía ayudar estando a 16,000 km de distancia me dije a mi mismo: “Emmanuel, no es tu culpa. tu no sabrías que eso sucedería. Haz una donación a las instancias que creas que puedan ayudar a los afectados, mándales buenas vibras y bendiciones en tus meditaciones y confía en que todo tomará de nuevo su rumbo con gracia y de manera perfecta”. Y así lo hice.

Tuvieron que pasar casi 2 semanas para que me quitara ese sentimiento de culpa. Si me sigues en Instagram o Facebook te habrás dado cuenta que durante esas 2 primeras semanas no publiqué nada de mi viaje. En primer lugar por ese sentimiento del que te platico; y en segundo lugar por respeto a las personas que estaban tratando de recuperar lo que habían perdido.

Aun así, en la primera foto que subí a mis redes sociales después de mucho tiempo, un amigo me escribió: “Eres un ególatra y un frívolo. Cómo puedes subir eso después de todo lo que hemos pasado. Jamás lo creí de ti.” 

Me sentí fatal. ¿Realmente era un ególatra y un frívolo por hacerlo? Gracias a Dios muchos otros amigos también contestaron diciendo cosas como: “No le hagas caso. No es tu culpa. Pásala bien.”

Y sin querer, esa fue mi primera lección del viaje: siempre habrá personas que no quieren que seas feliz, no porque sientan envidia, sino simplemente porque no quieren que tu lo seas.

Después de eso todo fue mejorando. Pude disfrutar más mi viaje y mi vida allá. Lo que empezó como un viaje con sabor agridulce terminó siendo el más dulce de los postres que me ha dado la vida. Y es que la vida es así, con una variedad tan amplia de sabores tan distintos que vale la pena probar cada uno de ellos cuando se te presentan.

Por supuesto que hubo más retos, situaciones por superar y peleas a muerte con Hugo (#nocierto #sicierto) pero eso mis amigos, es otra historia.

Si quieres que se los cuente escríbeme en los comentarios y podemos hacer una tercera parte de esta serie de blogs acerca de Bali.

TE TOCA:

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