Cómo salí del clóset (y por qué todos deberíamos hacerlo)

Junio es el mes del orgullo y visibilidad de la comunidad LGBT+, y ya que me siento muy orgulloso de formar parte de ella este mes tendremos en el blog el #PrideEdition en el que tú y nos sentaremos a platicar algunas cosas sobre este tema.

Así que te recomiendo que vayas por una rica taza de café (yo tengo la mía a un lado mientras estoy escribiéndote esto).

Me pareció prudente empezar esta temporada del #PrideEdition del Blog contando cómo fue que yo salí del clóset. Es la primera vez que hago pública esta historia, y no es con la intención de generar morbo ni sensacionalismo: al contrario, quiero que puedas entender qué es lo que las personas LGBT+ sentimos en ese proceso si es que eres una mujer o un hombre cis-género y heterosexual.

Yo me sentí atraído por los hombres desde muy pequeño. Aunque también me llamaban la atención algunas niñas, recuerdo que desde la primaria había compañeros de la escuela que volteaba a verlos cuando pasaban cerca de mi. Evidentemente nunca dije nada, porque aunque eres niño sabes qué es lo que “está bien” y “está mal”. 

Así pasé mi vida en la primaria, secundaria y prepa. Ocultando y reprimiendo ese lado “raro” que yo sabía que tenía.

¿Alguna vez has tratado de ocultar un secreto por mucho tiempo? ¿Algo que es muy importante para ti y que te encantaría contarle al mundo, pero que no puedes decirle a nadie?

Guardar secretos es una de las peores sensaciones que puedes tener. Sientes una opresión en el pecho y que vas a estallar. Bueno, ahora imagínate sentir eso por 15, 20, 30 años!

Ahora entiendo que gran parte de que yo me enfermara tanto de la garganta durante mi niñez y adolescencia era mi cuerpo expresando lo que no le permitía expresar a mi voz. Hoy estoy convencido que todos nuestros problemas no resueltos tarde o temprano salen por alguna parte del cuerpo en forma de enfermedad o dolor.

Pero volviendo al tema, fue hasta finales de la prepa que salí del clóset con la persona más importante de mi vida: yo mismo.

Porque si no te aceptas tú, ¿cómo diantres te van a aceptar los demás?

Y no te voy a decir que fue fácil. Tomé terapia psicológica (ojo—no para “curarme”, sino para aceptarme) por algún tiempo, y sinceramente creo que fue lo mejor que pude haber hecho. Estoy convencido que cuando tienes alguna situación que no puedas resolver tú solo lo mejor que puedes hacer es buscar ayuda de alguien que te dé las herramientas que necesitas para sobreponerte y evolucionar.

Gracias a esa hermosa y sanadora terapia logré la confianza que necesitaba para salir del clóset.

Primero fueron mis mejores amigas.
Después mis compañeros de Universidad.
Y al final mi mamá y mi familia.

Cuando le dije a mis mejores amigas ellas me miraron tiernamente y simplemente me dijeron: “Tato, ya lo sabíamos.”

via GIPHY

Tiempo después, con mis compañeros de la Universidad, la cosa fue diferente. Un amigo que ya era abiertamente gay festejó su cumpleaños en un antro de la Zona Rosa (fue la primera vez que yo iba a un antro gay) y esa noche un chavo se acercó, bailamos un rato juntos y… pues ya no hubo necesidad de que tuviera que decirles nada, verdad.

Con mi familia literalmente lo hice de la manera más inimaginable. Y fue la más sencilla, fácil y mejor llevadera de todas. Por años estuve ideando en mi cabeza decirle a mis papás que era gay hasta el momento en que no pudieran tener represalias conmigo, es decir, hasta que fuera independiente y viviera fuera de casa.

(Mi papá murió mucho antes de que me independizará. Así que jamás pudimos hablar del tema. Sin embargo hace unos meses mi mamá me dijo que él sabía y estaba feliz con eso. Otro día te cuento esa historia.)

¿Lo chistoso? Jamás tuve que decir nada. Simplemente todos en mi casa sabían que era gay y ya. Mi familia acepta a Hugo como un integrante más (¡mi mamá le dice hijo postizo!) y mis tíos siempre mandan saludos para él cada que me ven.

Definitivamente fui muy afortunado de poder tener una salida de clóset orgánica y bien aceptada. Sé que hay personas que no corren con la misma suerte.

¿Que si me costó? Sí.
¿Qué si hubo gente que me dejó de hablar después de decirle? Por supuesto (uno de ellos fue mi mejor amigo de la prepa).
¿Qué si valió la pena? MÁS. QUE. CUALQUER. COSA.

Y aunque sinceramente pienso que nadie debería “salir del clóset” porque deberíamos aceptar la diversidad sexual y de identidad de género como algo personal y válido en todas sus formas, el salir del clóset y hacernos visibles en la sociedad hace que estemos mucho más cerca de esa realidad.

Sueño con un mundo en el que decir “no soy hetero, soy gay” sea algo tan simple como decir “no me gusta el helado de vainilla, me gusta el de chocolate”. ¿No sería increíble?

Todo depende de nosotros y nuestra capacidad de no rechazar lo que sea diferente.

Por un mundo libre de clósets,

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